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Random games: Sleeping Dogs

chinese-zodiac-sign-dragonPese a que, hasta la espantada de Activision y su posterior venta a Square Enix, Sleeping Dogs iba a ser una continuación más de la saga True Crime, resulta sencillo deducir cuál ha acabado siendo su mayor referente.  Infernal affairs -que posteriormente se transformaría, por obra y gracia de Martin Scorsese, en Infiltrados– fue un film que, en un género sobre-explotado por gente como Ronny Yu o John Woo (quienes rompieron el thriller policial de tanto usarlo), y gracias a su capacidad para conectar con la sensibilidad del espectador a través de una trama inteligente, consiguió revitalizar la industria cinematográfica de Hong Kong utilizando las mismas fórmulas simples y gastadas que sus predecesores. Una fuente de inspiración de calidad indiscutible que le ha servido a United Front para crear uno de los mejores juegos del pasado año.

Sleeping-Dogs-portada-frikarte-e1348852686523A pesar de su injusto olvido en muchas de las listas que repasaban lo mejor de 2012, no debemos infravalorarlo: Sleeping Dogs es un juego magnífico, y lo es además por los mismos motivos por los que Infernal affairs supo destacar frente a otros títulos similares. Frente a la exageración y ambición desmedida de sus competidores, el juego de United Front opta por la mesura, por ser bueno en todo en vez de el mejor en nada. Aunque el margen para la innovación es inexistente, sobre todo teniendo en cuenta la enorme cantidad de sandbox con temáticas y ambientaciones parecidas, resulta complicado señalar un sólo eslabón débil en esta cadena de responsabilidades, lealtad, moral y hostias, muchas hostias. Además de picotear sin ningún tipo de vergüenza de sagas como Grand Theft Auto o Saints Row, Sleeping Dogs toma el sistema de combate de los Batman de Rocksteady y lo integra con sencillez y habilidad, haciendo suya la frase que dice que la imitación es la forma más sincera de halago. Aun contando con todos los elementos del género, desde una cantidad casi absurda de coleccionables hasta casi una decena de actividades secundarias -mención especial para el karaoke, una suerte de Guitar Hero descafeinado en el que podemos cantar sin vergüenza canciones de The Clash o A-ha-, consigue mantener su propia identidad, dando la impresión de ser un juego compacto y mucho más humilde de lo que realmente es.

Esta simplicidad aparente, visible en todos los aspectos del juego, se refleja principalmente en la historia. Es aquí donde la típica trama del policía infiltrado y la lealtad dividida se olvida de grandilocuencias, complejas piruetas argumentales y sentimentalismos baratos, y se dedica a mantenerse por los cauces habituales de las películas a las que homenajea –de nuevo, Infernal affairs es el referente más claro-. Sleeping Dogs Screenshot 04Una decisión acertada si tenemos en cuenta que, bajo esa capa superficial, subyacen temas ligados a la tradición oriental como el honor, el coraje o la ética personal. Wei Shen, nuestro protagonista, se mueve con inteligencia en esa ambigüedad, la del policía comprometido con su trabajo y la del aspirante criminal con profundas raíces sentimentales en un entorno en el que el respeto a la jerarquía y los valores tradicionales han empezado a ser sustituidos por un individualismo de sobras conocido por la sociedad occidental. La fusión entre la herencia oriental de las Tríadas y la apertura al exterior producida en la segunda mitad del siglo XX está presente de manera sutil en detalles como la figura del propio Wei Shen, nacido en China pero formado en San Francisco, o en determinados secundarios claramente americanizados que contrastan de manera clara con otros como Uncle Po o Jackie Ma, últimos baluartes de la tradición. Al igual que sucedía con su parte jugable el gran éxito de Sleeping Dogs en lo que al guión se refiere radica en una historia consistente, poco profunda pero muy completa, que aún dejando un cierto espacio para el humor y la auto-parodia evita caer en el ridículo.

Mientras que otros juegos optan por un enfoque más realista o la exageración absurda, Sleeping Dogs decide tomar un camino intermedio, una senda basada en el equilibrio y el conocimiento de sus propias limitaciones, convirtiendo así una fórmula poco novedosa –sucesora espiritual, no lo olvidemos, de una saga con una década de antigüedad- en un carrusel de guantazos sólido como el abdomen de Jet Li. Y es que a veces no hace falta nada más.

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